Seguro que muchos estáis de acuerdo con aquello de que si esperas permanentemente a que las cosas se actualicen jamás compras (ni disfrutas) nada de nada. Es la situación típica de la gente que no se compra una cámara de fotos, o un ordenador, o un coche, o lo que sea, porque piensan que es tirar el dinero comprar algo que en poco tiempo va a ser actualizado por un modelo superior y, seguramente, a mejor precio.
Pero el caso es que creo que, por una vez, esto puede dejar de ser cierto.
Me explico, creo que la tecnología se encuentra justo en un punto en que lo que tenemos en estos momentos empieza a estar realmente bien, bien con mayúsculas, pero aún le faltan unos años (no creo que más de cinco, diez como muchísimo) para que sea realmente la hostia y alcancemos unos niveles de calidad y funcionalidad que hagan que sólo cambiemos nuestros aparatitos cuando se nos rompan los que tenemos; igual que hacemos ahora con los frigoríficos o las lavadoras. Es decir, un punto en que seguirán introduciéndose mejoras con el paso del tiempo (al igual que pasa con las lavadoras) pero en que la base ya estará firmemente asentada y tener o no lo último sólo será una cuestión de pijos y no de una diferencia real del uso del producto. De hecho ya hay mucha gente que funciona así, y no tienen mayor problema en su día a día.
Veo los smartphones actuales, los libros electrónicos, los tablets, los televisores (a falta de alta definición), las videoconsolas, las pantallas 3D (sobre todo las tecnologías sin gafas como la de Nintendo 3DS, que aún no he tenido el gusto de probar pero que promete ser acojonante), los sensores de las cámaras de fotos, las pantallas táctiles, los reconocedores de movimiento (tipo Microsoft Kinect) y acelerómetros y me da la sensación de que todo se encuentra bastante cerca del umbral de la perfección, en un punto en que con cuatro ajustes y mejoras ya no nos hará falta nada mejor. En un punto en que cuando nos quieran vender la versión nueva de algo lo tendrán realmente complicado para explicar los beneficios que representa sobre los modelos anteriores.
Pongamos como ejemplo los libros electrónicos (al hilo de que el otro día el Amazon Kindle bajó de precio a unos niveles que ya lo empiezan a hacer interesante para usuarios esporádicos). Hoy día lo único que se le puede pedir a un libro electrónico es que permita hacer anotaciones a mano alzada (típico argumento contra estos dispositivos que los que tiramos de biblioteca no llegamos a comprender, yo jamás he escrito sobre un libro), que la pantalla tenga más resolución (apartado que mucha gente ni siquiera notaría) y que sea resistente al agua y las caídas. Pero el resto de requisitos, incluso para unos dispositivos que están en pañales, ya están superados (peso, duración de la batería, legibilidad, almacenamiento, etc.).
Con los móviles pasa exactamente igual, lo único que les podemos pedir es que sean más ligeros y resistentes y que las baterías duren más (mal generalizado de todos los dispositivos móviles), pero a nivel de funcionalidad la inmensa mayoría de los usuarios ya van servidos con lo que ofrecen hoy estos aparatos (llamadas, mensajes, correo electrónico, navegación web, música y cámara de fotos). Tal vez su navegador no vaya tan fino como el del último iPhone, o su cámara de fotos no sea tan buena como la del Sony Ericsson más pintón, pero cuando necesitan consultar la dirección del restaurante que están buscando lo consiguen sin problemas y cuando quieren hacer una foto a una que se le sale el tanga, también.
Me viene a la cabeza otro ejemplo, los relojes digitales, los Casio de toda la vida. El primer reloj con pantalla digital se inventó en 1970, fue puesto a la venta en 1972 y apenas una década después ya había relojes que incorporaban recepción de televisión, que almacenaban listines telefónicos y que poco más adelante ya se podían comunicar con los ordenadores. Hace ya tiempo que toda esa tecnología ha quedado superada y a un reloj sólo se le piden dos cosas, dar la hora (alarma, tal vez) y que nos parezca bonito. Basta ver a los modernillos con sus Casio metálicos, que son iguales a los de hace décadas. Los relojes digitales han seguido evolucionando, pero las mejoras son tan sutiles que al común de los mortales nos pasan desapercibidas; y ya nadie quiere una calculadora en la muñeca.
Si miramos los ordenadores pasa tres cuartas partes de lo mismo, hace años que los incrementos de potencia de los procesadores se estancaron y las soluciones que se están dado ahora pasan por intentar que todo sea más pequeño y que consuma menos, pero la fuerza de calculo se mueve siempre en el mismo orden de magnitud. Si os fijáis ya hay muchos fabricantes que dejan en segundo plano (o directamente omiten) la velocidad de los micros de sus ordenadores y se centran en informar sobre el peso o la autonomía. La potencia ya es algo que se le presupone a un ordenador, no es algo diferenciador y es sólo cuestión de tiempo que al resto de características les suceda lo mismo; cuando la batería de un portátil dure cinco años (de carga, no de vida útil) casi nadie pagará más por un modelo que en lugar de cinco años dure siete.
Si hablamos de reproductores MP3 la cosa no admite discusión alguna, hasta el cacharro más cutre que nos podamos echar a la cara es capaz de reproducir música durante días sin repetir ni una sola canción. La única batalla que queda es la de hacer que el uso sea cómodo, pero incluso en eso las diferencias se van reduciendo más y más y todo se limita a las pijaditas y no a lo importante del cacharro, que es reproducir canciones.
Así que os traslado la pregunta del título, ¿creéis que los tiempos de las actualizaciones y mejoras constantes están cerca de un fin de ciclo o por contra pensáis que seguiremos así toda la vida y siempre habrá algo nuevo que sea capaz de hacer que lo que compramos hace un año ya nos parezca chatarra?