Sólo otro blog infame


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Punto y seguido

Tras 1961 entradas (1962 con esta) este blog cambia de nombre y dirección a infa.me.

infa.me

Allí os lo cuento todo.


Dumb at work

Sí, sigo vivo, aunque no lo parezca. Creo que nunca había pasado tantos días sin publicar en el blog, pero la cosa tiene justificación, he estado tres semanas de vacaciones (vacaciones “de rico”, como las de antes) y eso es algo que no me había pasado creo que desde que era un niño. Así que podéis estar tranquilos, que aún no os habéis librado de mis gilipolleces (puedo sentir vuestros llantos).

El caso es que voy a aprovechar el paroncillo para finiquitar algunos de los cambios que tenía en mente para el blog, con lo que la próxima vez que publique aquí será para anunciar el nuevo theme y desvelar algunas de esas sorpresas que yo hago y luego resultan ser un fiasco.

Por cierto, mientras tanto me podeis acosar en mi cuenta de Twitter y mi reciente Facebook. También estaba apunto de hacerme un keteke, pero lo han chapado.


Vivir por encima de tus posibilidades

Si hay algo que me asusta y que quiero evitar en mi vida es llegar a situarme por encima de mis posibilidades, especialmente sin necesidad.

Ahora que hay tantísima incertidumbre laboral, como casi todos, intento cuidarme mucho en posponer los gastos más abultados (como mi anhelada Vespa) a fin de maximizar mis ahorros actuales y con ello mi riqueza (a saber, el número de meses que podría vivir exactamente al mismo nivel que ahora sí me quedase sin fuentes de ingresos, es decir, tirando sólo de ahorros).

Y digo que me asusta porque veo que hay mucha gente que no funciona así y no quiero que me suceda igual, por ejemplo, es normal que si ganas 1500 euros limpios al mes y te quieres comprar un coche tengas que comprarlo a plazos. Escoges un Ford Fiesta muy cuco y lo pagas durante seis años, me parece correcto (aunque yo no lo haría). Pero lo que me acojona es la gente que gana 4500 euros limpios y en lugar de comprarse el mismo Ford Fiesta y pagarlo sin darse cuenta coge y se compra un Audi tope de gama, y se tira pagando durante seis años, igual que el del Fiesta. Está claro que el Audi debe ser la hostia, pero, ¿realmente compensa vivir durante seis años viendo como caen las letras mes tras mes cuando lo podías haber resuelto a toca teja buscando algo más modesto?

Pasa igual con las hipotecas, no me entra en la puta cabeza que haya gente que contrate hipotecas de un millón de euros (conozco a uno cuya hipoteca es de tres millones de euros, ojo al dato) y se tiren pagando 40 años, igual que todo hijo de vecino. ¿De verdad no prefieren buscar una casa más modesta y pagarla en menos de una década?, pues por lo visto no.

Estoy seguro que conocéis a gente así. Y estoy seguro que esa gente fue normal, estoy seguro que llevaban sus cuentas con cuidado y sopesaban bien los gastos hasta que empezaron a cobrar bastante más dinero y se precipitaron por encima de sus propias posibilidades. Hay algo en las personas y nuestras predicciones económicas en que tendemos a pensar que nuestra situación se mantendrá necesariamente igual, o mejor; nunca a peor. He visto a varias personas (familiares, compañeros de trabajo, etc.) hacer cálculos para meterse en hipotecas y jamás he visto a uno solo contemplar el caso de que su sueldo bajase gradualmente con el paso de los años. “A ver, si yo gano 1600 euros y mi Ramona gana 1700, cada mes tenemos 3300 euros, quitamos el gasto en comida, en ropa, en suministros y tal y ale, podemos pagar una hipoteca de 2000 euros al mes, además seguro que en un par de años me ascienden en el trabajo”, muy poca gente piensa “A ver, ahora gano 1600 euros y Ramona 1700, pero claro, tal vez con el paso del tiempo uno de los dos se quede en paro, pongamos que durante 6 meses, y podría coincidir que justo en ese momento el Euribor esté por las nubes y Dios no quiera que a la vez haya que hacer reformas y nos metan una derrama en el piso, mejor intentemos buscar un piso más barato y lo pagamos con menos apuros”.

Un clásico de los productos financieros es aquello de “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras” pero muy pocos nos lo aplicamos a la vida diaria, ¿cómo alguien que tiene un sueldo de 3000 euros puede tener la certeza de que siempre lo tendrá?, ¿cómo el que tiene pareja puede estar tan seguro de que mañana seguirá a su lado?, ¿cómo el que se siente como un toro puede asegurar que en diez años las piernas le seguirán respondiendo igual?, no hay porqué vivir acojonado, pero tampoco hay que dejarse llevar por la situación de un momento dado de la vida para tomar decisiones que nos afectarán durante varias décadas.

Lógicamente esto se podría extrapolar a mi mismo y preguntarme si he considerado la opción de terminar debajo del puente, pero aquí entra lo que decía en el primer párrafo de “sin necesidad”. Hay cosas que no podemos evitar y en un momento dado todo puede salir mal, pero la cagada es hacer que, incluso cuando van bien, tengamos el mismo riesgo de joderla que el de alguien al que le van realmente mal.

Conclusión, los ricos son ricos no porque ganen mucho dinero cada mes, sino porque tienen mucho patrimonio acumulado (de las épocas en que han ganado mucho dinero) del que poder tirar cuando las cosas van mal (típica noticia de “El cantante Menganito vende su casa de Miami por 10 millones de dólares”) y capear los temporales, pero para llegar a ese nivel no basta con un ascenso en el trabajo y comprarse un Audi a plazos.

Ojalá siga pensando como un pobre toda la vida, y no necesite hacerlo.


Bandoleras, capuchas y tetas

Hoy os quiero alertar sobre dos efectos curiosos sobre las bandoleras y bolsos cruzados, dos eventos universales que he comprobado en multitud de ocasiones y que no deben faltar en vuestro checklist a la hora de salir de casa (junto con las llaves y el dinero suelto para comprar órganos).

Capuchas

La primera cosa a alertar es que no hay cosa que quede peor que llevar una prenda con capucha (abrigo, sudadera, etc.) y cometer el error de usar un bolso bandolera haciendo que la cinta pille la capucha por detrás, en lugar de dejarla pasar por debajo.

La sensación de ver a alguien con la capucha pinzada de esa forma es realmente penosa; recuerdo un día en el Metro que estuve apunto de soltarsela a una persona que llevaba justo delante, pero me corté no fuera a ser que se pensase, acertadamente, que un loco le estaba acosando. El tema es que lo de la capucha produce una sensación incómoda, como ver a un niño pequeño vestirse de mala manera o ponerse mochila levantando todo el abrigo por el camino o a un adulto por la calle con el chándal de un equipo de fútbol.

Esto también es aplicable a las solapas del cuello de las camisas o polos. A las solapas les gusta ser libres, no las apretéis, ni con las bandoleras ni con los cinturones de seguridad.

Tetas

El segundo tema del que quiero alertar afecta sólo a las chicas más pechugonas, pero no por ello deja de ser importante. Así que si pertenecéis a esta categoría de señoritas bien dotadas tomad nota de los comentarios de vuestro viejo y verde amigo.

Supongamos que lleváis una camiseta o blusa, sin escote, más o menos holgada. Pues bien, ahí dentro vuestros encantos viajan discretos y perfectos, pero la delicada cuestión nace cuando os colgais el bolso en bandolera. En ese momento la parte delantera de la cinta del bolso pasa a cruzar entre ambas mamillas, separándolas lo inimaginable, cual Moisés celebrando una exhibición en el Mar Rojo y haciendo que se forme un pliegue extraño mitad aire mitad sujetador, una especie de valle inquietante en que las tetas, por una vez, no resultan sexy en absoluto.

Lo siento, pero para esto es mejor el bolso al hombro.


¿Por qué no hay relojes en el Metro de Madrid?

Si hay una cosa curiosa del Metro de Madrid (además del nauseabundo olor de los vagones) es que en sus instalaciones es imposible encontrar un reloj.

Si hago memoria creo que es el único medio de transporte en que no se informa al viajero de ningún modo de la hora del día que es. En las estaciones de tren hay relojes por todas partes, en los aeropuertos, en los intercambiadores y hasta en las paradas de autobus, pero en el Metro no. Una vez estás dentro no tienes forma de saber si es de día o de noche.

La respuesta imagino cual es, tratar de reducir el estrés de la gente dado que es un medio en que vas enlatado y que tarda lo que tarda (en una parada de bus siempre puedes decidir coger un taxi si ves que la cosa va para largo), pero no deja de sorprender cuando te das cuenta de una ausencia tan difícil de justificar.

Cuando era pequeño en el Metro sí había relojes, de hecho en cada andén de cada estación había un par de ellos. Y, además de indicar la hora, te decían los minutos que habían pasado desde el último tren. Era habitual ver periodos de más de 10 minutos entre tren y tren. Con el tiempo aquellos relojes de manecillas fueron reemplazados por pantallas de LED de tres colores, el “tiempo desde el último tren” fue sustituido por “tiempo para el próximo tren” y por el camino la información horaria desapareció (pese a que entraría sin problema en las pantallas).

Hoy día es habitual encontrar que las pantallas digan que el próximo tren llegará en “1 minuto”, y que lo digan durante tres o cuatro minutos así que es perfecto que no haya al lado un reloj con el que ver que la estimación de tiempos nos está tomando el pelo. Es parecido a lo que está haciendo Apple con el iPhone agrandando las “barras de cobertura”, en definitiva, ojos que no ven…


¿Y si…?

Viendo los anuncios dedicados a los campeones de la Copa Mundial de la FIFA 2010 (como el que ilustra esta entrada) no puedo evitar sentir curiosidad por ver todos los anuncios que se han quedado en la recámara, todos los anuncios que habríamos visto en caso de que el mundial se lo hubiera llevado Holanda. Anuncios de las grandes empresas y los patrocinadores alabando la fortaleza del equipo y dándoles las gracias por hacerles soñar y llegar a la final, aunque al final no tocasen la gloria.

“Ingeniosos” juegos de palabras sobre los tulipanes, referencias a la película de Kubrick, o vaya usted a saber.

Anuncio de Movistar conmevorando la victoria de España en el Mundial de fútbol de 2010

Igualmente siento mucha curiosidad por las camisetas de celebración de Holanda, en el caso de que ellos también las hubieran tenido preparadas con la estrellita de campeones. ¿Qué pasará con esas camisetas?, ¿se quedarán por ahí empaquetadas en una caja olvidada?, ¿las destruirán?, ¿las despistará alguien y correrán por eBay como la pólvora? Yo quiero una, en serio.


Mario Puzo’s The Godfather

Venga, una nueva perla (de puesto de chinos) de esas que hace que odiéis cada vez más el blog.

La cosa es que me encanta decir los títulos de las películas de la forma más larga posible (y oficial), de modo que en lugar de referirme a “WALL·E” lo hago a “WALL·E. Batallón de limpieza”, en lugar de “Toy Story” digo “Toy Story (juguetes)” y en lugar de “Sin City” digo “Frank Miller’s Sin City, Ciudad del pecado”. También se puede aplicar a “El show de Truman (Una vida en directo)” y algunas otros títulos de las deliciosas traducciones de las películas a la lengua patria.

No me digáis que no es un detalle encantador. Bueno vale, podéis decirmelo.


Si España gana el mundial

El miércoles España se juega el pase a la final del mundial de fútbol y hoy quiero hablar, con nostalgia, de una de las grandes cosas que estas selección de fútbol nos ha arrebatado desde la pasada Eurocopa de un plumazo. El sentimiento de perdedores.

Y es que, ahora que el fútbol ni me va ni me viene (aunque en este mundial sí que he visto un par de partidos) me doy cuenta de que el hecho de que España siempre fuera un equipo perdedor tenía su encanto. Que siempre les largaran en cuartos de final (en el mejor de los casos) y tuviéramos que ver a la clásica adolescente con la cara pintada llorando en la grada el día de la derrota, era algo de lo más romántico.

¿Qué me decís de la mala suerte en las eliminatorias importantes, las cagadas de bulto y las pifias en los momentos más importantes?, ¿quién no recuerda las tertulias lloriqueando sobre lo malo que había sido el arbitraje o a Plácido Domingo entonando alguna pequeña estrofa para mandar su apoyo a los jugadores?, ¿nadie echa de menos ese momento en que sonaban los himnos y los jugadores rezumaban miedo escénico por todos su poros, o la enésima repetición del “gooooool de señoooooor” en el partido contra Malta como la mayor gesta del fútbol patrio?, son cosas que en el fondo eran divertidas; cosas con las que se podían hacer camisetas tipo “Yo vi a Zubizarreta meterse un gol en propia puerta contra Nigeria” y demás.

Hoy día (en que los televisores gratis pueden estar a punto de pasar a mejor vida) todo esto se ha acabado y recordar el anuncio de Camacho diciendo “vamos, vamos, que nos vamos” es algo que, con España en semifinales (por encima de equipos como Brasil), los más jóvenes ya ni siquiera entenderán en toda su dimensión.


Salario moda y mediana

Con motivo de la famosa huelga del Metro de Madrid últimamente he escuchado muchas opiniones sobre los salarios de los empleados de Metro, la mayoría para decir que su salario medio es de 33.000 euros y que les parece una vergüenza que cobren tanto. No voy a entrar en si eso es mucho o poco sino en lo terrible que me parece que en la prensa siempre hablen de salario medio y no de salario moda y mediana.

A cualquiera que tenga unas mínimas nociones de estadística (son conocimientos de primaria, no hace falta más) le debería chirriar que se compute el sueldo medio de empleados de distintas categorías, y no digamos ya del grueso poblacional. No tiene ningún sentido hacer la media salarial de los empleados de Carrefour metiendo en el mismo saco a los reponedores y al director financiero.

Es el mismo caso que cuando dicen que cada español se gasta 70 euros en Lotería de Navidad, la mayoría sólo compramos un décimo de 20 euros, pero hay otra gente que se gasta 400 euros y por eso la media acaba subiendo una barbaridad.

Para poder documentar un poco esta entrada he querido buscar los datos oficiales (si los había) y he encontrado este recientísimo hilo de idealista en que un comentarista expone lo mismo que defiendo yo, y él aporta los datos del INE.

El sueldo medio de España es de 22.000 euros, sin embargo el moda es de 15.500 euros, es decir, el sueldo más repetido entre los españoles es de 15.500 euros mientras que la mediana está en 18.000 euros. Tampoco es que la moda sea algo perfecto (de hecho lo suyo sería segmentar por paquetes de sueldos con una diferencia de 1000 o 2000 euros y eliminar un porcentaje por los extremos del intervalo, para normalizar las cosas). Y bueno, no seré yo quien defienda a esta gente, pero lo que está claro es que a la luz de estos datos ya no suenan tan espectaculares los 33.000 euros de los del Metro, en que probablemente el sueldo más repetido sea de unos 23.000, ¿no?

Yo no tengo conocimientos de estadística mucho más allá de estos, pero creo que es necesario que la información se empiece a explicar de esta forma a la gente de a pie en los medios generalistas o sino las posibilidades de manipulación del personal seguirán por todo lo alto, en lugar de hacer encuestas absurdas tipo “¿considera que debería despedirse a todos los empleados que incumplieron los servicios mínimos?” que no interesan a nadie.


La carne y el pescado

Hoy os dejo una entrada de esas de “lo que siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar” a ver si entre todos salimos de dudas.

Existe en castellano una expresión que dice algo así como “le gusta la carne y el pescado” para referirse a la gente bisexual, que “hacen a todo” vaya. Pero, al igual que con la cal y la arena, nunca he sabido si la carne son los chicos o las chicas.

El caso es que alguna vez que he hablado de esto con conocidos y existe otra teoría que indica que la carne se refiere al gusto hetero, de modo que, para un chico, decir “carne” es referirse a las chicas mientras que para una chica sería referirse a las chicas.

¿Alguien que pueda sacarme de dudas definitivamente?

Y toda esta confusión existiendo unas expresiones mucho mejores, como son referirse a alguien diciendo que funciona “a vela y a vapor” o “a pelo y a lana”.