Sólo otro blog infame


Menú


3º de ESO

Hubo un tiempo en que los teléfonos móviles no llevaban cámara de vídeo (en el caso de Apple ese tiempo terminó hace tres semanas), con lo que los chavales de instituto no podían grabar sus gamberradas/agresiones, ni tampoco existía YouTube para colgarlas, pero no por ello no existían los cabronazos escolares. Gracias a Dios nos queda la memoria para rememorar las mejores jugadas de aquellos pequeños hijosdeputa.

En 3º de la ESO me matriculé de linóleo como asignatura optativa en lugar de francés (que ya lo había dado dos años y no me gustaba un pelo) y, algo aparentemente inofensivo como elegir una optativa, acabó con mi nombre en la lista de la peor clase del curso (asignaban los grupos en base a las optativas para que fueran los profesores, y no los alumnos, los que se movieran entre aulas). Resulta que linóleo era una asignatura María (básicamente consistía en grabar con unas cuchillas unas planchas de linóleo y luego pasarlas por una prensa para imprimir el resultado en papel) y, aunque a mí me gustaba por el tema artístico, había sido la opción mayoritaria de los repetidores y malotes (que sabían que era un regalo) mientras que los niños aplicados habían cogido tercer idioma.

Así que allí estaba yo, primer día de clase y metido en un aula en el que, literalmente, toda la gente era un par de años mayor que yo y de corte claramente malotense. En estos tiempos las niñas todavía no vestían como guarroncias sistemáticamente, pues bien, digamos que en esta clase eran visionarias. Allí sólo conocía a un chaval que había pasado desde 2º conmigo y creo que pasamos el trimestre más surrealista de toda nuestra etapa de estudiantes en las que hubo una serie de acontecimientos (trastadas de estos chicos) que siempre que puedo cuento para descojone popular.

La gracia de estos chavales es que no eran chungos (aunque tardabas un poco en darte cuenta), el instituto estaba en una de las zonas más pijas de Madrid y, pese a ser público, estos chavales tenían pasta de sobra. No tenías que preocuparte de que te fueran a robar ni nada de esto, no eran delincuentes, de entrada porque las cosas que ellos tenían eran mejores que las mías y además porque eran niños bien que no se privaban de nada. Estos chavales eran rebeldes sin causa, de esos chicos que se pueden permitir no dar palo al agua porque saben que cuando quieran ponerse en circulación los padres les pagan cuatro cursos en una universidad privada, un master en el extranjero, se ponen un traje y al momento están mejor colocados que cualquier empollón de los que hacían los apuntes con bolis de cuatro colores. En resumidas cuentas, que no tenían maldad pero se aburrían mucho y disponían de manga ancha para hacer lo que les diera la puta gana así que aquello era una jungla.

La de los Sanfermines

Si en algo se distingue rápidamente a los pringaos de los guays es que, entre clase y clase, los pringaos se quedan en su sitio mientras los guays salen al pasillo, pese a que las normas del instituto no lo permitían. El problema es que cuando en una clase todos son guays aunque uno sea un pringao no va a quedarse solo ahí sentado, así que mi amigo y yo también salíamos con el resto de la manada.

Un día cualquiera de pronto vemos que dobla la esquina uno de clase, venía corriendo pero despacio, sólo haciendo el gesto de correr y con un periódico en la mano. Tras él venía la profesora de inglés, la Sra. Chicote. Cuando estaba casi a la altura de la puerta de clase, tras haber recorrido unos veinte metros ya se habían unido a su carrera no menos de diez chavales más, que iban gritando “Sanfermineeees” con la profesora a escasos centímetros de sus espaldas.

Al entrar a la clase la profesora les soltó la chapa sobre lo poco respetuosos que eran y toda la pesca, pero aquella broma, surgida espontáneamente fue una de las cosas más genuinamente graciosas que he visto en directo en toda mi vida.

La del radiocassette

La Sra. Chicote acostumbraba a ponernos cintas de “listening” en un pequeño radiocassette. Un día uno de los chavales desplazó ligeramente la mesa del profesor, que estaba sobre una tarima, de forma que una de las patas quedaba sobre el vacío mientras la mesa se sostenía en equilibrio casi mágicamente. Llegó la Sra. Chicote y dejó el cassette en la mesa justo en la esquina que estaba en volandas. Podéis imaginar el resultado, la mesa se venció y el cassette se reventó contra el suelo mientras el culpable le gritaba a la profesora “¡¿PERO QUE HA HECHO?!, ¡CONTROLE SU FUERZA, SEÑORA!”.

No volvimos a tener listening.

La de la silla

Muchos recordaréis como los profesores siempre tenían una silla distinta a la de los alumnos, más ancha, acolchada y con reposabrazos. Pues bien, un día pillaron la silla, la ataron a la cuerda de una de las persianas (esas verdes típicas que se enrollan) y la dejaron descolgada por la fachada. Ningún profesor se dio cuenta y se tuvieron que contentar con coger una de un alumno en sustitución. Pero lo mejor era la estampa que se encontraba al salir, una puta silla colgando por la puta fachada a dos putos pisos de altura en el puto centro de Madrid. La silla estuvo ahí más de una semana y aún hoy me sorprende que no se cayese sobre algún viandante con mortales consecuencias.

La de la maza casera

Como he dicho la silla del profesor tenía reposabrazos. El caso es que un chico (además uno que no era especialmente malote, no era cabecilla digamos) se dio cuenta al sentarse sobre el reposabrazos que cedía un poco y se dedicó a forzarlo hasta soltarlo por completo. La barra tubular de metal que lo sostenía se fue doblando con el peso quedando finalmente plano y picudo (como si doblas una pajita de refresco). Una vez suelto, el chaval pensó que era una buena herramienta de trabajo y empezó a pegar mazazos con ese pico improvisado contra la pared. Resulta que la pared era bastante fina porque habían hecho de una clase dos para un ajuste de sobrecarga de alumnos (de hecho el suelo tenía un tipo de baldosas hasta una línea y otro tipo a partir de ella) y no aguantó muchos golpes. Desde aquel día un agujero del tamaño de un puño justo al lado de la pizarra comunicó nuestra clase con la de al lado.

La del futbolísta

Otro día uno se puso a dar balonazos por el pasillo, una profesora de otro curso le interceptó y le dijo “Oiga, ¿no sabe que está prohibido jugar por los pasillos?, dígame ahora mismo cual es su nombre y curso” y el chaval dijo muy serio y con gesto de rubor “me llamo Felipe Miñambres y soy de 4º D, lo siento señora” y se fue corriendo mientras la profesora apuntaba en su libretita el nombre para luego dar parte.

Para los que no lo hayan pillado, Felipe Miñambres era un jugador del Tenerife.

La de la Ouija

Tal vez recordéis lo difícil que era conseguir una mesa en perfecto estado en el instituto. Todas tenían algo jodido, o estaba pintadas, o les faltaba la cajonera, o les habían quitado tornillos, etc. En una de éstas, los chavales soltaron los tornillos inferiores y separaron el tablero. No, esta vez no buscaban algo con lo que golpear una pared o que descolgar por una ventana, lo que hicieron fue darle la vuelta y pintar sobre la madera una Ouija con un Edding, una puta Ouija gigante con todas las letras, su “SI” y su “NO”. Durante las clases le daban la vuelta para que nadie notase nada pero entre clase y clase se entretenían jugando con un vaso de plástico preguntando a un profesor de dibujo que había desaparecido un mes antes sin que nos dieran ninguna explicación y del que teníamos la teoría de que había palmado.

La peña de otras clases venía a asomarse a la puerta exclusivamente para ver el espectáculo de los medium estos que vestían de Quicksilver.

La de la puerta

Un día un chaval, el mismo que inició lo de los Sanfermines le pegó una patada a la puerta y la rompió, quedando enganchada la bisagra de la pared y sólo un pequeño listón de un par de centímetros de grosor. El resto se fue al suelo.

Estuvimos sin puerta un par de semanas hastá que una mañana apareció una nueva puerta. Según la vimos a primera hora llegó el mismo chaval y la sacó de las bisagras dejando la puerta presentada contra la pared de modo que parecía que estaba abierta, pero en realidad estaba apoyada y suelta. Llegó el profesor de Tecnología y dijo “anda, ya tenemos puerta” haciéndose un poco el graciosete mientras una voz de fondo exclamó “la víctimaaaaaa” con tono de película de terror.

El tío intentó cerrar la puerta sin darse cuenta de que se le venía encima porque no estaba enganchada a nada, y una puerta no pesa precisamente poco. Por poco acaba el tío en el suelo, aunque al final consiguió controlar el peso y colocarla con una expresión de acojone en la cara que aún no he olvidado. El que había montado todo el pollo gritó algo así como “¡Qué poca vergüenza los operarios de hoy día, dejan así las puertas que son un peligro!”.

Vuelta a la normalidad

Cuando llegaron las Navidades sólo dos personas aprobamos todas, mi amigo y yo. La jefatura de estudios decidió bajar el nivel de todo el grupo por su propio bien y a nosotros dos nos pasaron a otro grupo para que no nos salpicase el tema y pudiéramos pasar a 4º, así que siempre recordaré 3º de la ESO como el año en que pasé un trimestre en una clase de malotes y linóleo y dos trimestres de vuelta a la normalidad, pero con francés.

Lo mejor fue que el resto del curso, y en el siguiente, los chavales de aquella clase siempre me trataron muy bien porque en cierto modo me veían como parte de todo ese tinglado, aunque sólo hubiéramos compartido tres meses y no hubiera participado de sus historias. Imagino que para ellos el hecho de que un empollón no se chivara de las cosas que hacían ya era digno de respetar.

Lo veo con perspectiva y la verdad es que eran unos niñatos cabrones, pero ciertamente pasé un trimestre de descojone continuo.

# Recuerdos del ayer, Friday, 4 de September de 2009 a las 22:06

24 comentarios, algo interesante habrá

  1. La de la mesa al borde de la tarima es tan claśica que creo que ya se la hacían a Séneca macho.
    Como siempre, tus historias nostalgiosas son insuperables.

    # Ponzonha 4 de September de 2009 a las 23:23

  2. A mí me pasó practicamente lo mismo; salvo que con un par de diferencias:

    – Fue durante todo 3º.
    – Mis compañeros eran chungos, pero chungos de verdad.

    Pasado el primer mes de acojone general, me lo pasé de puta madre. El mejor año de instituto sin duda. Todo tipo de juegos para pasar el rato y un status adquirido de pseudo-malote bastante útil en posteriores discusiones.

    Así a todo, que lerdos pueden llegar a ser los seres humanos en la adolescencia.

    # Himliano 4 de September de 2009 a las 23:24

  3. Joder, Hugo, tu generación está pasada de rosca. Me alegro de tener unos cuantos años más y no haber pasado por esas experiencias como alumno. Desgraciadamente, tampoco las he vivido en mi etapa como profesor en un colegio de la ESO. Mis alumnos eran muy pequeñitos para esas salidas de tiesto. Una pena, pues tengo unas teorías sobre la educación y control de masas que me están dando muy buen resultado en grupos pequeños. Estoy interesado en probarlas con un grupo de 20 ó 30 adolescentes con exceso de testosterona. ¿Algún profesor/a de instituto en la sala que necesite un suplente?

    # Pijus Erectus 4 de September de 2009 a las 23:55

  4. Lo del respeto a los empollones no-chivatos me pasó a mí, en un viaje de estudios en el que todo el mundo se desmelenó y por alguna extraña razón pensaban que yo me chivaría. La verdad es que esas cosas en el fondo eran divertidas, otra cosa no, pero tenían imaginación xD

    # Ellohir 4 de September de 2009 a las 23:59

  5. Me has decepcionado bastante, no sabía que en tu etapa juvenil eras tan freak….

    # shock 5 de September de 2009 a las 00:42

  6. Pues yo la verdad en la ESO me tocarón los chungos año tras año, llegando a contar hasta 7 en 2º, lo cual, aparte del mal royo y el respeto que generaban al principio, ha sido bastante bueno respecto a lo aburrido de las clases. Me acuerdo que llegaron a expulsar a 2 personas en mi primer día de la ESO…Es decir, yo venía de un colegio de otro pueblo a un instituto donde no conocia a NADIE, y nada más llegar te encuentras a un “compañero” que se dedica a llamar Maricón a tu profesor de Música…Aún guardo un trocito de trauma en mi interior…

    # Michael J. Fox 5 de September de 2009 a las 00:50

  7. En mi clase eran (eramos) autenticos kurdos y cafres,desde cambiar las puertas de clase por la de los lavabos que eran mas pequeñas y cortas a hacer una pila con todas las sillas y pegarles fuego,pasando por destrozar todos los lavabos,ect.
    Lo dicho autenticos neardentales.
    Por cierto felicidades por el blog,me rio mucho,saludos.

    # tolo 5 de September de 2009 a las 00:50

  8. Igual es una tontería pero al leer el blog en el iPhone los comentarios descuadran a la derecha de su elegante fondo gris.

    No sé, a lo mejor esta hecho aposta o es que yo tengo alguna configuración extraña pero el efecto visual es raro

    # shevek 5 de September de 2009 a las 00:51

  9. Yo también tuve un año así, en segundo de BUP… vaya mafia había metida en mi clase…

    Me he reído mucho. Gracias por compartir estas cosas.

    # Franelo 5 de September de 2009 a las 01:04

  10. La de la mesa y la silla también la conocía. La ouija debe ser un clásico, en mi clase había una mesa que la tenía “tallada” concuter de serie.

    Yo recuerdo una de 4º, un chaval que imitaba las voces de la mujer que hablaba por megafonía y que con toda su grandeza se ocultaba un poco con la mano y soltaba algo como “Profesor Santiago, por favor acuda a recepción” y es que lo clavaba. Al final saltó la liebre de tanto echarla a correr, en medio de un examen.

    Si nos ponemos a sincerarnos recuerdo que, en 3º, un grupo de cuatro valientes recogimos compresas de unas clases de Educación Sexual que nos dieron durante unas semanas y empapelamos todo el techo del laboratorio con ellas haciendo figuras, la profesora nos explicó por encima cómo hacer para sacar “humo de colores” y tras varios intentos fallidos conseguimos realizar un mural con rojos, granates, naranjas y hasta violetas en aquél impoluto techo blanco. Al quitar las compresas quedaron unos dibujos muy bonitos. Tardaron unos cuantos días en darse cuenta y afortunadamente la profesora nunca comentó que nos había dicho nada de eso. Creo que se comieron el marrón los de la otra clase.

    Deberíamos haberte involucrado un poco más en esas cosas, son divertidas y no tienes muchas oportunidades de hacerlas. En el centro donde yo estaba no te ivan a expulsar por algo así ni nada parecido, una regañina y adelante.

    # ElGekoNegro 5 de September de 2009 a las 01:06

  11. Por cierto, a uno de mi clase (un colega mío) le hicieron con su mochila lo que a la silla del profesor: dejarla colgando por la fachada con las cuerdas de las persianas.

    El tío se pasó un día entero buscando su puta mochila…

    Jajajaja, qué buenos recuerdos. A ver siyo también hago una entrada similar.

    # Franelo 5 de September de 2009 a las 01:10

  12. Sin duda me quedo con la de la silla…Brutal!!

    La verdad es que según mi experiencia, cuanto más chunga y malota era la clase, mejor lo pasabamos, aunque en el caso de mi instituto, las locuras llegaron hasta 2º de bachiller..se ve que no maduramos muy bien. Me acuerdo de subirme a la silla del profesor y que un amigo me llevara de rally por los pasillos estrallándome contra las paredes, gente o lo que encontraramos…

    La verdad es que los años del instituto….fueron maravillosos..xD

    Y aunque no sea una locura muy loca, nunca se me olvidará cómo en mi primer año en la facultad, cuando llevabamos apenas dos meses de curso, un amigo se levantó en mitad de una clase y se puso a cantar “tengo una muñeca vestida de azul”.

    Qué grandes tiempos

    # Ankara 5 de September de 2009 a las 01:25

  13. Otro con un 3º cojonudo… Es el mejor año de casi todas las personas que conozco, no sé que tendrá, la verdad :D

    # Astralia 5 de September de 2009 a las 01:57

  14. Esto… ¿adivinas qué curso empieza mi hijo este mes? :s
    Yo conocí a Poliwhirl en el instituto, 3′ de BUP. Más bien éramos las raras: no nos juntábamos ni con los guays, ni los empollones, ni los malos, y vivíamos en nuestro mundo. Un día se nos ocurrió comprar en una ferretería unos topes adhesivos para puertas y los pusimos desde fuera en las dos puertas de clase, al entrar los de inglés. Uno ajustado del todo, el otro con un minihueco para pasar, y nos fuimos a francés. Al terminar la clase, imaginaros!

    # Okok 5 de September de 2009 a las 05:05

  15. “¿Quién vació un camión de gaseosa en la piscina olímpica? ¿Quién trasladó los cadáveres del centro médico a la cocina? Por todos los santos, los árboles se llenan de calzoncillos y, en primavera, estallan todos los báteres.”
    “¿Se está refiriendo a Delta, señor?”
    “¡Pues claro que me estoy refiriendo a Delta, gilipollas!”

    Este diálogo de National Lampoon’s Animal House (traducida aquí como “Desmadre a la Americana”) es de ésas que a todos nos pone el modo nostálgico ON, una sonrisita estúpida en la cara, arranques ocasionales de carcajadas y unas ganas tremendas de abrir un blog y contar una por una todas las trastadas que aquellos sufridos funcionarios tuvieron que soportar.

    # mced 5 de September de 2009 a las 07:34

  16. Hilarious… :D

    # Elia 5 de September de 2009 a las 09:12

  17. Increíble. Ahora en este comentario te iba a contar lo que pasó en mis cuatro clases de la ESO, que no eran ni chungos ni malotes, pero no sé cómo nos las apañábamos para liarla increíblemente. Pero pensándolo mejor, lo guardo para una entrada cuando retome mi blog, prometo que te paso link xD

    # Jotaez 5 de September de 2009 a las 10:38

  18. Qué te voy a contar yo a tí, que soy profesora de secundaria…

    # Isabel 5 de September de 2009 a las 12:39

  19. Mmm. Me viene a la cabeza, como tantas otras veces, esa anécdota que me contaron, en la que otros angelitos tiraron una mesa por la ventana. Con la ventana cerrada.

    (Por cierto, y aunque sea offtopic: por si no lo viste aún, y por tus asuntos con las teles, esta no estaría mal, ¿eh?)

    # Juan Ángel 5 de September de 2009 a las 15:58

  20. Bueno, recuerdos de instituto… yo estuve en uno bastante gamberril jejeje. No me pondré a enumerarlos; pero como aperitivo comentaré que un día esperamos en el pasillo a que el profesor de matemáticas entrara en nuestra clase para cerrarle la puerta en las narices y atrancar la cerradura… tuvieron que llamar al cerrajero y, aun no entiendo por qué, lo entendieron como un accidente y no hubo consecuencias. Estuvieron planeándolo una semana entera xD.

    # maka 6 de September de 2009 a las 01:03

  21. Me he descojonado con la de Felipe Miñambres hahahahahahahaha. xDDDD

    # Todd 7 de September de 2009 a las 06:32

  22. Vaya 6 meses debiste pasar!

    # qwerty 7 de September de 2009 a las 13:11

  23. Entiendo tu actitud como espectador pasivo esa época; yo también me divertía con algunas de las que liaban (o liábamos). Lo que no entiendo es el disfrute de ciertas actitudes, y no las veo justificables de ninguna forma: no es lo mismo el tema de los Sanfermines que explicas que arrancar una puerta de una patada. Una broma vs una autentica burrada.

    Creo que el límite para comprender esto está en el beneficio que puedas obtener: en el caso de los Sanfermines te puede echas unas risas y provocarlas; en arrancar una puerta ¿donde esta el beneficio salvo que seas un sicópata?

    # algunavez 9 de September de 2009 a las 12:57

  24. Joder, Felipe Miñambres tiene ahora más de 40 tacos. ¿Cuántos tienes tú?!

    # Julen 19 de September de 2009 a las 13:11