La “zona segura”

Hugo me ha pedido que escriba su post nº 900 y la verdad es que no se muy bien por donde empezar, es difícil escribir para otra persona, sobre todo en un caso así, en que quieres redactar algo especial, hay que decidir entre escribir para quien te lo pide o hacerlo para los lectores, entre buscar un tema o hacer un post general, entre ponerse sentimental o blogger profesional, muchas decisiones. Pero ¿que es la vida sino una constante sucesión de decisiones?

Es cierto, en la vida nos surgen a diario cientos de decisiones. Algunas las tomamos sin pensar, están claras, otras, sin embargo nos llevan horas, días, incluso meses o años. No es que no sepamos que queremos hacer. Lo que se quiere hacer por lo general se tiene muy claro, se sabe a un nivel más o menos profundo. Ese nivel en el que cada uno es perfectamente libre incluso de su propia moralidad y/o pensamiento. Un nivel que cada uno tiene más o menos superficial pero que todos poseemos. En ese punto siempre se sabe lo que se quiere. Es lo que llamaríamos el “yo”. El “yo” es capaz de discernir entre lo que quiere y lo que tiene en base a las circunstancias. Tu “yo” sabe que quieres dejar ese trabajo, sabe que quieres huir a una buhardilla de París, sabe que quieres besar a esa personita que te hace sentir especial. Lo sabe aunque no te atrevas a reconocerlo ni ante ti mismo.

El problema es que es difícil despojarse de los convencionalismos, la moral, las costumbres, las opiniones propias o ajenas, y sobre todo, las posibles consecuencias. Cuando se toma una decisión se hace casi siempre barajando el nivel de desastrosidad de las consecuencias. Luego hay dos tipos de personas, las que son capaces de soportar cualquier tipo de daño colateral con tal de tomar la decisión que dicta su corazón y las que anteponen la normalidad de los hechos, la estabilidad de su vida, a sus verdaderos deseos, son las que viven en la “zona segura”.

Descubrir si se pertenece a uno u otro bando puede parecer a priori sencillo, pero la genialidad del ser humano reside en que puede resultar imprevisible. Una persona con una vida aparentemente rutinaria, que vive en la “zona segura”, puede de pronto atreverse a tomar una decisión que cambie su vida para siempre. Que ocurra lo contrario es más difícil, pero por supuesto también puede suceder, aunque las consecuencias no serán tan notorias.

La “zona segura” tiene sus pros y sus contras, vivir allí es muy cómodo, no da miedo porque no se está expuesto y tomar las decisiones es tremendamente sencillo, sobre todo una vez se le ha pillado la dinámica. Pero a la larga es también peligroso, se aprende a omitir lo que se siente hasta tal punto que se puede uno olvidar de sus propios deseos. Parece un alto precio, pero todo depende de lo que cada uno esté dispuesto a arriesgar por vivir en la “zona segura”.

Desde luego, desde la “zona segura” no se ve la Torre Eiffel con alguien pegado a los labios, no se observan atardeceres desnudo, no se duerme bajo las estrellas entre los brazos de un enamorado, no se pasea hasta el amanecer de la mano de un desconocido amor, no se despierta en un universo nuevo cada mañana.

Todos sabemos donde queremos vivir. Pero tenemos que decidir donde vamos a hacerlo.

Yo también.