Cerrajeros 2.0

Creo que, como la mayoría de gente, odio todo lo relacionado con los servicios profesionales en las reparaciones del hogar y siempre que puedo trato de resolver las cosas por mi mismo. Todas estas profesiones están bien identificadas, a saber: electricistas, fontaneros, técnicos de electrodomésticos, etc. Benitos en general, vaya. El odio generalizado hacia esta gente suele basarse en su chapucerismo y, sobre todo, la profundidad de sus sablazos.

A la gente con un trabajo de oficina habitualmente le resulta insólito que un tío cambie dos tornillos en diez minutos y nos cobre 120 euros (más IVA, aunque seguramente te ofrezcan la opción de pagar en negro) por la tontería, pero claro, siempre se podrá argumentar que el valor de su trabajo no es tocar dos tornillos sino saber qué dos tornillos son los que debe tocar.

El caso es que hace unos días me vi en una situación bastante jodida ya que el cierre de la puerta de la casita dejó de funcionar y tras intentar apañarlo por mi cuenta decidí dejarlo en manos de un cerrajero. Cómo es lógico contacté con varias empresas dedicadas a tal menester (aunque la mayoría no son empresas sino grupos de autónomos), tanto si buscas en guías de servicios tipo Páginas Amarillas como si vas directamente por Google terminas en una maraña de webs repletas de técnicas SEO de la peor ralea de comienzos de los 2000, cruzadas entre sí y todas con números de teléfono sospechosamente parecidos entre sí. La mayoría ni siquiera dicen quienes son, de hecho todas tienen una estructura similar y en el apartado de “Empresa” o “¿Quiénes somos?” nunca dicen lo que uno esperaría y se limitan a contarte los servicios que prestan. Vamos, que si queréis un rato de locura buscar en Google “cerrajeros Madrid” y podréis dejar los LSD por hoy.

Lo que sí me dejó absolutamente flipado es que tras confeccionar una listita con los que parecían más serios me puse a llamar y todos y cada uno de ellos se empeñaban en que les diera mi dirección pese a decirles claramente que sólo quería un presupuesto aproximado por teléfono. Una cosa es dar la calle, o la zona de la ciudad o código postal para que el tío pueda calcular el desplazamiento, pero soltar la dirección completa, de un sitio donde no se puede cerrar la puerta con llave, a una gente que precisamente se dedica al negocio de abrir puertas con una radiografía en tres segundos me genera bastante desconfianza. Como es lógico me negué en todos los casos o di direcciones falsas hasta que topé con los que finalmente lo han arreglado.

Vale que es un tema de paranoia absurda porque si alguien quiere colarse en tu casa terminará haciéndolo sin mucha dificultad, pero no me entra en la cabeza que les sorprenda tanto la situación. Es como si llamas para saber que te costaría instalar una caja fuerte para no tener tu dinero bajo el colchón y antes de darte un precio orientativo ya te preguntan donde tienes actualmente el colchón.

Así que nada, un gremio más al que añadir a la, ya larga, lista de profesiones odiadas por Hugo.