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De cómo conseguí mi primer PC

¿Recordáis el anuncio del juego de mesa Hotel (el de los rascacielos de cartulina) en que salía un chaval con un aire a Zack Morris que contaba como había amasado su fortuna y ganado “su primer millón” y que al final del anuncio se le veía con una fajo de pasta en una especie de flotador de piscina haciendo el mongui?

Pues bien, hoy voy a contar como conseguí “mi primer ordenador”. Post completamente personal, sin enlaces a cosas útiles ni graciosas, además lo tenía medio escrito desde hace meses y como no ando muy fino últimamente pues tiro de drafts, advierto.

Era el año 1998 (creo) por lo que yo tenía 12 o 13 años y estaba jugando al fútbol sala (aunque era al aire libre, la “sala” nunca la llegué a ver) con mis compañeros de equipo en el campo que hay junto al edificio de IBM España en Madrid, solíamos jugar ahí porque al ser una zona semipija todo acostumbraba a estar bastante cuidado.

El caso es que al terminar el entrenamiento y cuando cada uno se piraba a su casa de pronto detecté un brillo tras un matorral. Me asomé intrigado y encontré el que sería mi primer ordenador. Una CPU IBM abandonada, solitaria, que se veía que era una chusta (en esta época ya existían hasta los Pentium II) pero viendo la carcasa no podía determinar cuan chusta era, así que le di un vistazo rápido y decidí que me la llevaba para casa mientras rezaba para que fuera un 486.

Si, es que por esa época el único ordenador que controlaba era un Olivetti 286 de 12 Mhz. (AMD como el de la foto) que teníamos desde 1989 y que se había quedado obsoleto unas cuantas veces, ahí no tiraba más que MS-DOS o Windows 3.0 sobre él y un montón de juegos que ya me había pasado mil veces.

IBM 286 a 10 Mhz. vaya máquina

Total, que pillé mi mochila y la CPU que pesaba como un muerto (más aún después de la fatiga del entrenamiento) y puse camino a casa, aquel trasto puntiagudo se me clavaba por todas partes y me iba destrozando los brazos pero eso no era nada si al llegar a casa podía jugar al Doom o al FIFA 94, toda una puerta de videojuegos se abriría ante mis ojos junto al coprocesador matemático que no tenía el 286 de casa.

Así que recorrí andando como uno o dos kilómetros con el trasto ese encima y otros diez en autobús, aún no me explico como llegué a casa pero si recuerdo la cara de la gente que se cruzaba conmigo viéndome cargar con el trasto. Además se veía viejo y cutre a la legua, hasta los ancianos veían que era chatarra. Os ahorraré más calificativos sobre mi gesta pero fue tremenda.

Al llegar a casa, abrí el trasto y lo enchufé con la pantalla y teclado del de mi hermano y descubrí la cruda realidad, aquel montón de basura no sólo no era un 486, sino que era un 286 a 10 Mhz., ¡peor incluso que el que teníamos!. Eso sí, tenía 30 MB de datos por explorar, ahí había de todo, al arrancar saltaba un programita con el que elegir que querías hacer. Wordperfect, Harvard Graphics o un Tetris 3D. Estaba petado de currículos del personal de IBM y demás información administrativa, era muy gracioso.

Pero lo más cachondo de todo, y es por lo que me ha dado por escribir esta batallita es que para entrar a la BIOS no bastaba con una combinación de teclas, era necesario un diskette que por supuesto yo no tenía. Esto hacía que en cada arranque saltase un error de fallo en la configuración que invitaba a meter el disco.

Pues bien, lo más extraño fue cuando al día siguiente le contaba la película a un chico de clase (que se parecía al Joker, por cierto) y el tío me contó que tenía un PC exactamente igual al que me había encontrado. Me trajo el diskette y en efecto, pude configurar la máquina chachi piruli mientras trataba de asimilar como aquel tío podía conservar un diskette desde hacía una década.

Finalmente aquella puntiaguda caja me fue bastante útil, durante un tiempo (hasta el año 2000 en que me compré un K5 a 133) lo tuve puesto en red mediante el puerto paralelo al PC de mi hermano. Me pasaba ficheros de uno a otro y hacía gilipolleces absurdas por el estilo. Eso sí, aprendí a usar el Harvard Graphics a nivel profesional. De hecho puede que a día de hoy sea el mayor experto en el planeta sobre su uso.

Por cierto, la CPU aún vive en mi trastero y seguro que algún día le doy una utilidad más noble de la de coger polvo. Tal vez valga para apoyar encima el MacBook Pro o para vaciarlo y usarlo a modo de caja cool en la que meter mis lecturas habituales, a saber, los folletos de MediaMarkt y las facturas de Apple.

# Idas de pinza, Recuerdos del ayer, Sábado, 18 de Noviembre de 2006 a las 12:41

6 comentarios, rollo Café Gijón

  1. Metele un Linux…

    # Alexliam 18 de Noviembre de 2006 a las 14:04

  2. Otro post que no te puedo fusilar! Mu mal, mu mal…

    # Juan Carlos 18 de Noviembre de 2006 a las 16:07

  3. Yo tengo el mismo pero en 486! Lo utilizaba solo para jugar a los juegos de Lucas Arts xD

    # Murdock 18 de Noviembre de 2006 a las 16:26

  4. Una entrada muy bonita, podían incluso rodar una peli sobre ello.

    # ElGekoNegro 18 de Noviembre de 2006 a las 17:10

  5. Interesante historia, pero como no citas a tus fuentes, no sé si creérmela.

    # marmolillo 18 de Noviembre de 2006 a las 23:58

  6. Yo tenía un 386 y utilicé durante mucho tiempo el Harvard Graphics en Ms-Dos. El caso es que lo utilicé durante más de un año SIN RATÓN! Y hacía las gráficas de las encuestas que me mandaban en el colegio. Incluso llegué a hacer presentaciones. Cuando instalé windows fue el primer programa que le puse, pero nunca más volvió a ser lo mismo.

    # yomismo 20 de Noviembre de 2006 a las 16:13

Si comentas puede que conteste (algún día)