Sólo otro blog infame


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La tranquilidad de no tener margen de maniobra

Seguro que más de una vez habéis oído eso de,

Si tienes un problema y no tiene solución, ¿para qué te preocupas?
Y si tiene solución, ¿para qué te preocupas?

Pues bien, esto que a primera vista produce un golpe de efecto del tipo “pues es verdad, oyes” la verdad es que encierra bastante de ingenuidad, es decir, si tienes un problema grave, aunque no tenga solución te vas a seguir sintiendo como una puta mierda aunque sepas que tu preocupación no te acerca a la solución. Y es propio del género humano el obviar ese conocimiento de que su problema no tiene solución y seguir desgastándose (tanto uno mismo como a los que le rodean) en su propia desgracia.

Si esto no fuera así no existirían las peregrinaciones a Lourdes.

Margen de maniobra

Pero yo quiero añadir a todo esto la variable del margen de maniobra a la hora de solucionar una cuestión y como éste es inversamente proporcional a la tranquilidad con la que se aborda dicha cuestión.

Por ejemplo, si tienes que convencer a alguien de algo (da igual lo que sea, desde que invierta en tu empresa 2.0 hasta que estás convencido de que es la persona con la que quieres pasar el resto de tus días), los medios con los que cuentes para llegar a esa persona definirán tu margen de maniobra.

Si puedes organizar un reunión en persona, sin límite de tiempo y con croissants encima de la mesa te resultará mucho más sencillo que hacerlo mediante un correo electrónico que se pierde en una bandeja abarrotada con otros parecidos. Pero esa sencillez de contar con medios para hacer cosas esconde el nerviosismo de saber que tienes todo a tu favor y que si fracasas se deberá realmente a tu culpa, no podrás achacárselo a que tu oferta se perdió entre otras, no podrás autoengañarte con recursos baratos.

En cambio cuando no tienes margen de maniobra la cosa es justo al revés, haces todo lo que puedes hacer, todo lo que está en tu mano con los medios disponibles. Si al final todo falla siempre se lo podrás recriminar al haber tenido poco margen de maniobra y consolarte sin mayor problema con un “es que si hubiera podido organizar una reunión…”

Cruzando los márgenes

Y bueno, hasta aquí todo se ciñe en cierto modo al proverbio del principio del post, si te han tocado esas cartas no te preocupes.

Pero claro, lo jodido llega cuando tienes la oportunidad de cambiar tu margen de maniobra, cuando tienes que decidir con que margen quieres hacer las cosas, si prefieres tranquilidad o por contra te atreves a lanzarte a la piscina y darlo absolutamente todo pero sabiendo que te la estás jugando de verdad.

¿Apostar todo al 28 negro o una sola ficha al par?

Yo lo tengo bastante claro.

# Idas de pinza, Tuesday, 5 de June de 2007 a las 20:54

5 comentarios, amigos del internec

  1. He leído el post dos veces y sólo entiendo que tú tienes las cosas claras, pero aún no he pilladó qué cosas. Llevo un día de perros así que tampoco me comeré la cabeza.
    Si no tengo solución, no me preocupo.

    # ElGekoNegro 5 de June de 2007 a las 23:33

  2. Yo prefiero BlackJack :)

    # ggarfield 6 de June de 2007 a las 00:19

  3. Apostar la un tercio a la docena. o_O

    # Alvele 6 de June de 2007 a las 09:41

  4. Muy cierto todo lo que dices en este post, me he identificado mucho con la felicidad del maniatado. Personalmente creo que es un tema de ambición, yo soy poco ambicioso y me siento agusto con pocas opciones, por otra parte a veces creo que debería ser más ambicioso, apuntar más alto y esforzarme más para reconciliarme un poco conmigo mismo.

    Por cierto, aquí hay un punto de vista algo diferente sobre un tema relacionado.

    PD: Estoy con ggarfield, como el Black Jack nada de nada, pero a las malas siempre puedes jugar un Texas Old’em y poner a prueba tus nervios.

    # Papá Oso 6 de June de 2007 a las 09:46

  5. Real como la vida misma, y sin nada mas que añadir.

    Bueno si, puedes contar conmigo.

    # Alexliam 6 de June de 2007 a las 15:12